ROSA NEGRA DE HALFETI
Los pétalos que cubren su simiente brillan cual seda de Damasco y florece, embebida de belleza, pese a la negrura que engalana su rosáceo rostro veraniego. Es tal la oscura seda de sus pétalos que los humanos la buscan insistentemente, escuchando los ecos que la cubren de misteriosa leyenda, la que dice que su cuerpo espinoso guarda secretos místicos y por ello desean poseerla, como si poseyendo la delgadez de su espíritu vegetal y entregándolo al simbolismo en torno a su figura, fuesen a entender el significado de la vida o asomarse al abismo del significado de la propia muerte.
Misterios en torno a su sofisticado envoltorio aparte, su negro esplendor es fruto del tiempo, de la paciencia, de la canícula veraniega en cuyos brazos se pierde unos pocos días al año renaciendo en plena gloria... cierto que oscura, muy oscura, tanto que parece negra, pero engalanada con todos los atributos que sólo las rosas pueden ofrecer a Gaia. Halfeti, una pequeña localidad agrícola de la región de Sanliurfa en Turquía es su bastión y morada. Le gusta sentirse oculta, esconderse de las miradas indiscretas, disfrutar del sol de verano cuando se decide a florecer y su cuerpo espinoso termina regalando al mundo sus insólitas rosas negras, únicas en el planeta y un hermoso regalo para la vista y el sentido.
Las rosas negras de Halfeti no son producto de hibridación alguna. Su color, de un rojo tan profundo que parece terciopelo negro, es consecuencia de los nutrientes que subyacen en la tierra y que provienen de las aguas subterráneas del río Eúfrates, cuya densidad es muy elevada y sensible al ph de unos pigmentos hidrosolubles llamados antocianinas, responsables también de la coloración de las moras o los arándanos. No hay nada de tintura o mestizaje artificial, pues todo en su negra fisonomía es obra de la salvaje naturaleza. Los pétalos de una pequeña cantidad de estas rosas, de un rojo intenso durante casi todo el año, se vuelven de un negro azabache en los meses de verano, lo que hace de ellas una pieza de gran interés botánico y ornamental.
En el año 1990 la localidad de Halfeti quedó sumergida tras la construcción de la presa de Birecik. Todo el pueblo se trasladó apenas a diez kilómetros de distancia, pero en la actualidad, las rosas negras, que tan brillantemente florecían en su lugar de origen, ahora no florecen con tanta frecuencia ni su color negro tan llamativo es tan profundo como antes. Se están haciendo grandes esfuerzos para recuperar la proliferación de esta especie tan icónica dado el interés que las rosas negras han generado como producto turístico y comercial.
Las rosas rojas simbolizan amor o pasión, las blancas virginidad y pureza, las amarillas amistad. Las rosas negras han sido fruto del elogio de místicos, esotéricos y alquimistas. Desde muy antiguo la rosa negra se ha catalogado como símbolo de oscuridad y muerte, elemento esencial en todo tipo de ritos ocultistas. Pero sobre todo, su belleza está por encima de lo que cualquier ser humano pueda catalogar como afín al bien o el mal. Su color es una más de las fórmulas que utiliza Gaia para embellecer la policromía de este mundo tan maravilloso llamado Tierra.
En peligro de extinción, la rosa negra de Halfeti se yergue esplendorosa y altiva en pequeños ramilletes de oscuros pétalos que sombrean la mojada tierra turca. Llegado el verano, entre matojos verdes espinosos y hojas carmesí, la estampa emblemática de una rosa negra se afana en demostrar que su color es el capricho producto de la paleta de colores con la que trabaja nuestra madre naturaleza.
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